Cómo empezó todo

Es tan difícil definir lo indefinible, que pensé que la divagante vida del beduíno era la que mejor podía representar ESTO: un sencillo cúmulo de reflexiones, de malas caricaturas, de diferentes estados y confusos sentimientos que forman parte de mi desierto interior.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Serie: Historias en lata. Retratos de mi ser

Soy un lata de melocotones, fui el sueño de mamá y en almíbar me perdí.
Entre fruta y dulce me crié y la vida se me hizo demasiado dura; fuera de mi lata casi todo era amargo.
Quería cruzar la frontera pero, la frialdad del hierro me asustaba al igual que esos ecos metálicos que escuchaba.
Extraños, voces extrañas, ruido y más ruido fuera de mi melancolía.
y, al final, por temor, en sueños perecía.
Silencio.

jueves, 23 de agosto de 2012

El sonido de la tristeza

Allá a donde fuera allí estaba, iba con él porque formaba parte de su ser, corría por sus venas y lo que era una virtud, a veces, muchas veces, se convertía en desgracia.

El viento le susurraba haciendo llegar su mensaje a través de la naturaleza, en la caída de las hojas, en el tíntineo de las de árboles caducos, en los trigales de agosto.

Pero también en el goteo de las primeras lluvias otoñales, en el orquestar de las bisagras oxidadas y en el canturreo de las bicicletas de segunda.

Pero también, en los claxons de los coches, en el parpadeo de los semáforos, en el desahogo del autobús al llegar a su parada, en los raíles del metro, en el timbre de la fábrica.

Pero también, en el mordisqueo de su perro, en trajeteo de los platos, en las bandejas temblorosas y en los posos del café.

Su día a día era una apocalíptica epopeya, un canto triste que unas veces iba lento y otras alcanzaba un ritmo desorbitado que bombeaba su corazón, oprimía su pecho, dilataba sus pupilas y dejaba en blanco su mente pero, aviva su oído y su alma y todo lo transmitía con su guitarra.

Pero, a pesar de estar en sintonía con todo curiosamente se sentía solo, habiéndose olvidado de que su gran compañera siempre estaba ahí, la música, su música, su verdadero yo interior.

sábado, 26 de mayo de 2012

Climas de bajas presiones


......y se distanció, primero subió una montaña, allí, acompañado solamente por su tristeza, rompió a llorar y, la naturaleza, decidió hacerle compañía también, así que, empezó a llover y, cuanto más llovía más lloraba, como llevando un mismo compás. Pero, de pronto se acordó que tenía paraguas, un viejo paraguas plegable de color negro con un bonito mango madera que le había regalado su abuelo en su doceavo cumpleaños. Lo abrió, y de él salió un brillante arco iris sobre el que empezó a caminar llegando hasta al cielo, donde tropezó con una nube que lo elevó cada vez más y más alcanzando la luna y las estrellas. Los destellos de éstas eran tan fuertes que él mismo resplandecía pero, de pronto todo se apagaba, se acordaba de su tristeza y, de nuevo aquellos ríos de penuria y sal corrían por sus mejillas hasta el edén de su rostro y, nuevamente, la naturaleza decidió acompañarlo. Las estrellas, en un acto de suicidio, acordaron despedirse del sol y cayeron sobre la tierra. Fue entonces cuando despertó rodeado de polvo espacial resplandeciente, entre microscópicos cristales de colores, entre purpurina de planeta lejanos y..........sonrió, pero, no por el brillante y monumental paisaje sino porque cuando abrió los ojos encontró a aquella a quien amaba.
SILENCIO.

martes, 7 de febrero de 2012

Y que me hablen de ocurrencias....

Vacío, miraba y estaba vacío, traslucido, un mar en calma aparente pero, al respirar algo dolía, algo había que pinchaba, era un fulgor, un destello, era veloz, no lo veía, sin embargo, lo sentía y, sin duda, algo familiar había en aquello. Era un ciego cosquilleo ciego pululaba a mi al rededor. La inestabilidad se respiraba en el ambiente aunque, no había nada, todo era oscuridad.
Se levantó un fuerte viento y, ahí estaba, aquel precipicio.... un abismo impresionante que se abría a mis pies. No podía dudar, un paso en falso y caería.
El tambor volvía a sonar en la oscuridad, su latido era lento, su retumbar se percibía en la lejanía y, en mi cabeza, sólo resonaba una palabra: alerta. Debía buscar ya la salida, de lo contrario, regresaría al laberinto de los temores, de los menosprecios e inseguridades. Fuerte, pisar fuerte, eso había que hacer, con paso firme estaría segura. Ahora ya, no podía mirar atrás, sólo me quedaba la valentía de nadar a contracorriente pero, ¿cómo?, ellos lo sabían, me habían creado, las olas siempre me arrastrarían con más fuerza
Entonces, allí me quedé, clavada, pensando lo que ellos ya conocían
roca, aire,cielo, tierra, ola, MAR y, sobre todo, SILENCIO

Entre lo químico y lo orgánico

Espejos de colores retractan mis composiciones,
la química de la vida se refleja en esa plata de lo extraño;
se asusta.
Esa química es un triste gato ante el espejo
Esa química lucha por el amor de la carne pero...
pronto cambia:
de lo racional a lo irracional
de lo lejano a lo cercano
de lo oscuro a lo claro
del desamor al amor
de lo dulce a lo amargo
de lo sereno a lo intranquilo
del río al bravo mar
de lo fabuloso a lo caótico
Siempre hay cambio porque el ciclo de la vida erosiona al ser y a la carne del hombre, erosiona lo mental, lo químico, lo orgánico pero siempre quedará algo de tu yo,
en tu ser, en tu carne
silencio...

martes, 13 de diciembre de 2011

EL SABOR DE LAS CIRUELAS

Muchos de vosotros sabéis la gran importancia que tiene para mí escribir, ese pequeño costumbre es, desde hace muuucho tiempo, un sinónimo de libertad.

Cuando era pequeña y no tenía con quien jugar ocupaba mis aburridas horas en soledad (algo habitual cuando eres hijo único) inventando mundos fantásticos, evadiéndome de la realidad, aprovechando supongo, ese carácter soñador que tenemos los tauro (esto según mi compañera de piso que cree en el horóscopo y la consecuente influencia de los astros).

En mi adolescencia, aquella efervescencia y luminosidad de mundos irreales quedó devastada por tormentosas historias que trataban de dar alivio a mi yo existencial, el cual comenzaba a florecer cargado de oscuros recuerdos. Atrás quedaban bellos arcoíris dando paso a trágicos amaneceres y lunas manchadas de sangre que resplandecían sobre fatuos mantos, un rojo sobre negro, fuegos en la nada que parecían salidos de algún que otro cuadro del Bosco.

Hoy, dejando a un lado todo esto, sólo quiero descargar, no sólo lo bueno o lo malo sino, lo cotidiano. Una sana decisión a la que curiosamente llegué hace varios días saboreando una ciruela.

Sábado, media tarde, voy a la nevera y….no hay mandarinas! Peeero, si ciruelas. Hace un día espléndido así que nada mejor que sentarme bajo mi árbol favorito a disfrutar de esta refrescante fruta. El sol acaricia mi espalda, mientras, una ligera brisa enreda mi pelo y va empujando las primeras hojas que caen al suelo. Como lentamente, aprovechando el jugo de cada bocado. Con un ritmo que parece acompasar a mi masticación veo como Kiwi, mi perro, se aproxima perezoso y se sienta a mi lado para llamar la atención, está mimoso como siempre y pone ojitos de pena lanzando estrellitas que imploran una compasión irrevocable, lo acaricio, doy otro mordisco y, de repente… me traslado unos doce años atrás a otra estación y a un lugar diferente:

Era verano sin duda, recuerdo corretear por un largo pastizal amarillento, seco. Las piernas se cansaban, los pies hacían crujir la hierba, los grillos cantaban, el sol penetraba en mi cabeza y mis pulmones apenas insuflaban aire pero el final…, el final lo conoces! Triunfantes! Sentadas en nuestro trono comíamos felizmente nuestro pequeño tesoro y, otra vez…. ese sabor, ese sabor inundaba mi boca.

Una misma fruta, dos momentos diferentes pero un nexo común: el disfrutar de las pequeñas cosas, algo que se nos olvida pero que es esencial, algo realmente especial que pervive en nuestra selectiva memoria….SILENCIO

miércoles, 22 de junio de 2011

RETRATOS

En uno de esos días tristes en los que únicamente la lluvia me sabe consolar, acompasando mi llanto silencioso, recordé:

Bajo la matemática pura albergada en su cerebro, bajo una inteligencia técnica de caja registradora se encontraba su espíritu. Seguía, como siempre, en la oscuridad, aunque algo había cambiado; un claro reflejo, un pequeño matiz que simbolizaba su apagada alegría. Y es que, apagada o no, lo importante era su presencia, porque, un pequeño estímulo siempre podía activarla, un grito, una melodía, un reflejo… cualquier cosa que pasase por alto aquellas imperfectas visiones que se quedaban grabadas en sus retinas.

La imagen ideal era meramente fruto de su cerebro. Sus pupilas, contenían espejos cóncavos y convexos que deformaban la realidad, es decir, lo que había más allá de la vista y de su praxis mental. Esta ceguera era la causante de su malestar, la que engrandecía todo tipo de imperfecciones, la que la llevaba al abismo, la que hacía que sus lágrimas se perdiesen en el edén de su rostro.

Miraba durante horas sus manos, seguía aquellas líneas una y otra vez, como intentando encontrar en su trayectoria un mapa que la guiase, pero se sentía perdida. Estaba claro que los jeroglíficos de su piel eran imposibles, no había solución.

Pero… definitivamente, algo había cambiado. Cuando hubo dejado de llover, sencillamente, reaccionó: a quien le importa si nadie es perfecto! Y se hizo el Silencio, su mejor forma de hablar pero sin decir nada…..